#tendencias #viral / En las grandes y pequeñas ciudades los adornos ya fueron retirados de las casas, las tiendas están a punto de terminar con sus descuentos y el espíritu festivo fue apaciguado por el regreso a clases y al trabajo. Sin embargo, a hora y media de la ciudad de Cali, en Quinamayó, cientos de pobladores están a la espera de que nazca el Niño Dios, aunque el suyo sea retratado con tez negra. La navidad tiene un doble sentido en Qunimayó: celebrar el nacimiento del hijo de Dios (concebido en un pesebre por la virgen) y gozar de la libertad labrada por sus ancestros, muchos de los cuales vivieron y murieron siendo tratados como objetos, no como hombres. Fueron secuestrados y transportados en barcos gigantes desde África, para ser vendidos, como animales, a los terratenientes que, para el siglo XIX, tenían a su nombre extensas fincas en el Valle, que cultivaban la caña para venderla en mercados locales. En ese entonces y, después de un largo y doloroso proceso de conversión al catolicismo, sus tataratatarabuelos tenían prohibido celebrar el nacimiento de Cristo el día 25. Por lo que debían festejar pasados 40 días. “Esto es mi vida, cuando suena la música me corre una corriente por todo el cuerpo. Es recordar mis ancestros, es recordar a mis abuelos, a nuestros esclavos. Celebrar que hoy somos libres, que somos felices”, declara entre lágrimas, Mónica Carabalí Lasso. Y añadió: “Febrero es el mes preferido para nuestra comunidad. Es nuestro diciembre, prácticamente. Aquí todas las familias se unen para que sea un éxito total el recorrido que se va por todas las cuadras del pueblo”. A lo largo de la procesión van sumándose las cantaoras, seguidas de ‘María’ y ‘José’; la estrella de oriente, interpretada por una pequeña niña; 12 ‘ángeles’; 12 ‘soldados’; la ‘mula’; el ‘buey’, y los padrinos. Estos últimos llevan en una canasta dorada al Niño Dios de tez oscura, hasta dejarlo en el pesebre, ubicado a la mitad de la plaza del pueblo.
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